El mejor pronóstico para la disforia de género se da en esas personas que cuentan con redes de apoyo basadas en la aceptación y la comprensión. La empatía puede ser el mejor aliado para las personas trans, sus familias y sus seres queridos.

Mi intención al redactar esta entrada es describir el fenómeno de la disforia de género y aclarar algunas confusiones comunes en torno al mismo. Por supuesto, el lector tiene todo el derecho de formarse una opinión personal acerca del tema. Pero es vital que esa opinión se fundamente en hechos y no en confusiones. Por eso, pretendo en esta entrada limitarme a describir hechos y vincularlos a mis fuentes para que el lector los pueda comprobar fácilmente por sí mismo, sin tener que “creerme” cuando hablo de un tema tan controvertido acerca del cual se han producido toneladas de información dudosa. 

Sobre todo, mi intención consiste en que el lector pueda ver a las personas transgénero desde una perspectiva más empática, ya que las mismas son objeto de un muy intenso rechazo social que les produce gran sufrimiento y malestar. La tasa de intentos de suicidio entre estas personas es superior al 40%. Esto quiere decir que casi 1 de cada 2 personas transgénero intentan suicidarse en algún punto de su vida. Muchas de ellas lo logran. Este fenómeno se debe en gran medida al generalizado rechazo social hacia ellos. Como expresa la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés):

“Algunos niños pueden negarse a ir al colegio por las burlas y el acoso o por la presión para vestirse con atuendos asociados con su sexo asignado. Además, en los adolescentes y adultos, la preocupación por los deseos de cambio de sexo a menudo interfiere con las actividades diarias. Son frecuentes las dificultades en las relaciones, incluidas las sexuales, y puede deteriorarse el funcionamiento escolar o laboral. La disforia de género, junto con la expresión atípica del sexo, se asocia a altos niveles de estigmatización, discriminación y victimización, lo que genera conceptos negativos sobre uno mismo, altas tasas de comorbilidad por trastornos mentales, abandono escolar y marginación económica, incluido el desempleo, con riesgos sociales y mentales concomitantes, especialmente en los sujetos de entornos con pocos recursos familiares. Además, el acceso de estos sujetos a los servicios de salud y a los servicios de salud mental puede verse impedido por barreras estructurales, como el desagrado institucional o la inexperiencia para trabajar con pacientes de esta población” (DSM 5, pág 457 – 458).  

A lo mejor, esta humilde entrada puede ayudar a alivianar el peso del rechazo social. Ojalá pueda servir para que los lectores vean a las personas transgénero como sus semejantes, desde la empatía y sin importar las opiniones políticas. 

¿Qué son el transgenerismo y la disforia de género?

En primer lugar, es necesario aclarar que transgenerismo y disforia de género son conceptos relacionados, pero no equivalentes. 

Vayamos a lo primero: Se dice que una persona es transgénero cuando declara percibirse como de un género diferente al que le asignaron al nacimiento. Puede percibirse cono “mujer” cuando se le ha asignado el género de “varón”, o viceversa. 

Esta condición de discrepancia entre género asignado y percibido puede generar un importante nivel de malestar en el individuo. Este malestar es sobre todo debido al rechazo social.

Cuando hablamos de disforia de género, por otro lado, hablamos del malestar subjetivo derivado de la condición de las personas transgénero. No todos los transgénero padecen de disforia de género. Hay una minoría para la cual la discrepancia entre género asignado y percibido no está relacionada con malestar. Como describe la ya mencionada APA:

“La disforia de género hace referencia al malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el género experimentado o expresado por un sujeto y el género asignado. Aunque no todos los sujetos presentarán malestar como consecuencia de tal incongruencia, muchos presentan malestar si no pueden acceder a las intervenciones físicas mediante hormonas y/o cirugía deseadas por el sujeto. El término actual (…) se centra en la disforia como problema clínico, y no en la identidad per se” (DSM 5, pág 451).

¿La disforia de género es un trastorno mental?

No, no lo es. En la comunidad científica internacional, hay dos manuales que definen y describen lo que se considera como “trastorno mental”. Uno es el famoso DSM 5, de la ya mencionada APA, y el otro es el CIE 11, de la Organización Mundial de la Salud. 

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 11) de la OMS se encuentra actualmente en elaboración. Sin embargo, ya puede revisarse adelantos en la página de la OMS (https://icd.who.int/browse11/l-m/en). Consultar alternativamente el CIE o el DSM puede generar confusión en algunas personas, ya que son publicaciones paralelas que no necesariamente utilizan las mismas etiquetas diagnósticas (aunque sus criterios sí son mayormente uniformes). En este caso, el CIE no ha utilizado la expresión “disforia de género”.

En la versión anterior (el CIE 10, que fue publicado en 1990), la Clasificación incluía lo que llamaba “Trastorno de Identidad de Género en la Infancia” y “Transexualismo” en la categoría de “Trastornos Mentales y del Comportamiento”. En la versión actual, se ha decidido cambiar el nombre de estas condiciones por “Discordancia de Género en la Infancia” y “Discordancia de género en la adolescencia y la adultez” e incluirlas en una nueva categoría llamada “Condiciones Relacionadas con la Sexualidad”. Esto implica que la OMS deja de considerar la disforia de género como un trastorno. Los pormenores y detalles de esta decisión pueden revisarse en el artículo de Robles García y Ayuso Mateos (2020).

Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, mejor conocido como DSM, también ha sufrido cambios respecto a esta categoría de una versión a otra. Lo que en el DSM-IV-TR (1994) se denominaba “Trastorno de Identidad de Género” pasó a llamarse “Disforia de Género” en el DSM 5 (2013). De nuevo, vemos que se ha eliminado la etiqueta de “Trastorno”.

Pero si la Disforia de Género no es in trastorno, ¿Por qué está en los manuales diagnósticos?

En los diversos sistemas de salud a nivel mundial, para que una persona reciba tratamiento que esté cubierto por seguros de salud privados o seguridades sociales, el motivo de tratamiento debe estar especificado en alguno de los manuales diagnósticos que mencionamos más arriba. Como ya dijimos anteriormente, la disforia de género es motivo de sufrimiento y malestar para muchas personas, por lo que removerla de los manuales diagnósticos las dejaría sin cobertura de estas problemáticas. Por ese motivo, se decide incluirla a pesar de que no cumpla los criterios conceptuales para clasificarse como trastorno. Esta explicación puede encontrarse en los artículos de Robles García y Ayuso Mateos (2020) y de Zucker (2015)

¿Existe evidencia biológica acerca del transgenerismo?

Contrario a las creencias de muchas personas, el transgenerismo no es ni puramente biológico ni puramente cultural. Como casi todo en psicología, la cuestión radica en la interacción entre estos dos tipos de factores. Como declara la APA:

“A diferencia de algunas teorías constructivistas sociales, se considera que los factores biológicos son los que contribuyen, en interacción con los factores sociales y psicológicos, al desarrollo del género” (DSM 5. 2013. Pag. 451).

De hecho, es común que los primeros signos de disforia de género aparezcan entre la edad de 2 a 3 años, cuando hubo poco espacio de tiempo para que los niños sean influenciados por perspectivas culturales (DSM 5. 2013. Pág. 457)-

Pero más allá de la especulación, existe evidencia a nivel neurológico que nos permite entender mejor las vivencias de las personas transexuales. Esto se deriva de un fenómeno conocido como “dimorfismo sexual en el cerebro”. Se parte de la premisa de que, para ciertas áreas muy específicas del cerebro, existen diferencias entre la estructura y funcionamiento que se espera en el promedio de las mujeres y el promedio de los varones. Se ha formulado hipótesis de que los cerebros de las personas transgénero pueden mostrar en promedio más semejanzas con los cerebros del sexo que ellos declaran que con los del sexo que se les asignó al nacer. De ser verdad, esto podría darnos una perspectiva mucho más completa de la vivencia que los transgénero a menudo comentan, de ser una “chica atrapada en un cuerpo de chico” en algunos casos, o un “chico atrapado en el cuerpo de una chica” en otros.

De manera específica, existe evidencia que apoya a estas hipótesis. También existen -hay que decirlo- controversias acerca de algunas de estas evidencias. En cualquier caso, se requiere mucha más investigación para sacar conclusiones contundentes. No es mi intención en esta entrada de blog abrumar con un volumen muy elevado de información altamente especializada. Para quienes quieran revisar la información mucho más en detalle, pueden revisar el libro The Psychobiology of Transexualism and Transgenderism” de Dana Bevan, entre las páginas 163 y 174. De todas maneras, incluyo a continuación un resumen, que no deja de ser simplista y acotado:

  • Núcleos del lecho de la estría terminal: Se ha encontrado evidencia de que esta área del cerebro de las personas transexuales se corresponde más con el género informado que el sexo asignado en el nacimiento.
  • Núcleo hipotalámico INAH3: En semejanza al punto anterior, hay evidencia de mayor concordancia con el género informado que con el asignado.
  • Cuerpo calloso: La forma de estas estructuras parece corresponderse más con el género informado que con el asignado.
  • Putamen derecho: se ha encontrado un tamaño que corresponde mejor con el género informado que con el asignado.
  • Materia blanca en el fascículo longitudinal superior, el cíngulo anterior derecho, el fórceps derecho menor y el tracto corticoespinal derecho: mayor semejanza al género informado que al asignado.
  • Tálamo, amígdala, corteza orbital y corteza insular: se demostró patrones de activación que corresponden mejor con el género informado que con el asignado cuando los participantes del estudio fueron expuesto a imágenes eróticas.

¿Cómo se trata la disforia de género?

Como diferenciamos al principio de esta entrada, la disforia de género no es la discrepancia entre el género asignado y el percibido, sino el malestar psicológico derivado de esta vivencia. Coherentemente con esto, el tratamiento no consiste en “cambiar” el género percibido de la persona (cosa que no es un problema de salud), sino en disminuir el malestar psicológico (que sí es un problema de salud). 

Además, hay muy buenas razones para elegir esta aproximación al problema: se ha demostrado que los tratamientos orientados a “reajustar” la percepción de género de las personas transgénero no solo no muestran eficacia, sino que incrementan el malestar y la tasa de intentos de suicidio en estas personas (ver artículo de Herman, Brown & Haas, 2015, Pág. 2). Lógicamente, es difícil que consideremos como “tratamiento” a una serie de procedimientos que han demostrado empeorar el problema. 

Lo que sí se hace en el tratamiento de las personas transgénero (también conocida como Terapia de Afirmación de Género) es disminuir el malestar psicológico a través de la aceptación de su identidad y del trabajo integrado de intervenciones médicas y psicológicas. Este tratamiento tiene tres fases: 1. La transición social, 2. El tratamiento hormonal, y 3. La cirugía de reasignación de sexo. A continuación, pasaré a comentar brevemente las tres. 

  1. La transición social es una intervención completamente reversible. Consiste en que, bajo supervisión de un profesional de la salud mental, el niño, adolescente o adulto transgénero se permita realizar un cambio en su identidad y modo de vida consistente en cambio de nombre, de apariencia, de vestimenta, etc. Inclusive, en caso de los niños y adolescentes, se puede dar un cambio de institución escolar para evitar el acoso y estigma que puede generar la transición. En algunos casos, la disforia de género remite con este tipo de intervención.
  2. En caso de que la disforia de género continúe a pesar de la transición social, se procede con el tratamiento hormonal. Este es parcialmente reversible, y se lleva a cabo solamente a partir de cierto estadio del desarrollo puberal (no en niños). Debe realizarse siempre bajo supervisión médica y endocrinológica. Podemos revisar los pormenores del tratamiento en los artículos de Muñoz Calvo (2018) y Sierra Osorio et al. (2018).
  3. Sin embargo, hay casos en los que la disforia de género sigue sin remitir incluso luego de la primera y la segunda fase del tratamiento. Solamente en estos casos se considera para los adultos transgénero la cirugía de reasignación de sexo, que en realidad consiste una serie de procedimientos quirúrgicos más complicados. Esto se realiza luego de un acompañamiento psicológico sostenido e intensivo, ya que estos procedimientos resultan mucho más invasivos que los anteriores, y son irreversibles.

En última instancia, el mejor pronóstico para la disforia de género se da en esas personas que cuentan con redes de apoyo basadas en la aceptación y la comprensión. La empatía puede ser el mejor aliado para las personas transgénero, sus familias y sus seres queridos.

Referencias

APA (2013) Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales

APA (1994) Diagnostic and statistical manual of mental disorders, 4th edn. American Psychiatric Association, Washington, DC

Ault, A., & Brzuzy, S. (2009). Removing Gender Identity Disorder from the “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders”: A Call for Action. Social work, 54(2), 187-189.

Bevan, D. (2014). The Psychobiology of Transsexualism and Transgenderism.

Herman, J. L., Brown, T. N., & Haas, A. P. (2019). Suicide thoughts and attempts among transgender adults: Findings from the 2015 US Transgender Survey.

Muñoz Calvo, M. (2018) Disforia de género en menores: actitud diagnóstica y tratamiento.

Robles García, R., & Ayuso-Mateos, J. L. (2019). CIE-11 y la despatologización de la condición transgénero. Revista de psiquiatria y salud mental12(2), 65-67.

Osorio, A. M. S., Rivera, M. A., & Tovar, H. (2018). Disforia de género/Incongruencia de género. Terapia hormonal en adultos. Revista Colombiana de Endocrinología, Diabetes & Metabolismo, 5(4), 32-36.

Zucker, K. J. (2015). The DSM-5 Diagnostic Criteria for Gender Dysphoria. Management of Gender Dysphoria, 33–37. doi:10.1007/978-88-470-5696-1_4