Cuando hablamos de sexualidad, directamente ponemos en énfasis a propiedades o rasgos que los seres humanos vamos construyendo a lo largo de nuestra vida. Diversas corrientes o vertientes de la psicología, como el psicoanálisis, resaltan incluso el importante papel de la sexualidad en la estructura de la personalidad como fundamento teórico.
Diferentes disciplinas han estudiado y profundizado por años al ser humano y su sexualidad, formulando diferentes teorías, por medio de estudios que permitieron acercarnos un poco mas a conocernos a nosotros mismos como un ser diferente en el ambiente.
Este amplio nuevo universo enmarcado por los avances tecnológicos en que vivimos gira entorno a lo sexual. Vivimos una nueva generación donde todo lo referido a lo sexual es un tema que se desglosa y sale a la luz como un criterio condicional normativo en la humanidad. Ahora bien, ¿qué sucede con las personas que no tienen como centro o prioridad la sexualidad en si en el momento de establecer vínculos?
Dentro de las siglas que representan a la población LGBTIQ+ además de le heterosexuales, encontramos a uno de los grupos poco conocidos representados bajo el símbolo (+), que no obstante, merecen la misma aceptación y respeto que cualquier individuo. Hablamos (entre algunos) de las personas asexuales.

¿Quiénes son realmente las personas asexuales? Las personas asexuales son individuos que no sienten atracción sexual, o al menos, no presentan como prioridad ese factor en el momento de vincularse con otro individuo. No obstante, pueden sentir (o no) otros tipos de atracciones, como románticas, intelectuales, entre otras. Cabe resaltar, que no son personas que se encuentran herméticamente cerradas a concretar el acto sexual en si como se tiende a pensar. Las personas asexuales también puede tener relaciones sexuales pero no mantienen como prioridad este factor para establecer vínculos con otras personas y se sienten atraídas desde otras maneras por otros aspectos.
Lidian con numerosas creencias y prejuicios normalmente, de hecho que se encuentran doblemente juzgadas, ya que además de permanecer rodeadas de estigmas y creencias irracionales que denotan la falta de información e intolerancia de la sociedad en general, también, en numerosas situaciones, reciben prejuicios del mismo colectivo LGBTIQ+o heterosexuales de los que también son parte, al encontrarnos en mundo donde la sexualidad se encuentra plasmado como un criterio o estándar normativo notablemente perpetuado a nivel social, bajo un dualismo amor-sexo y sexo-amor; dos factores que pueden estar estrechamente relacionados pero que no deben ser percibidos como condicionantes en la sociedad para establecer un vínculo.
Otra enorme dificultad que los asexuales deben lidiar entorno a sus características están relacionados a creencias sobre establecer relaciones entre la asexualidad y comportamientos “anormales” que no se adecuan a la naturaleza humana. En otras palabras, se tiende a patologizar a la asexualidad, intentando llevar esta condición a un plano psicopatológico vinculado a trastornos sexuales. “Si no quieres tener relaciones sexuales, algo está mal”. Cuando hablamos de un trastorno, hablamos de una falencia o particularmente, algo que genera malestar en un individuo. Respecto a las personas asexuales no hay presencia de malestar con su condición; simplemente van más allá de obtener interés en lo netamente sexual. Tampoco se trata de carecer de deseo sexual y por ende poseer una dificultad. Simplemente la ausencia de deseo sexual se da por la simple falta de interés que tiene esa persona respecto a esta dimensión. Del mismo modo, estas personas no poseen una aversión o repulsión al sexo. Simplemente no existe relación entre un patrón de ausencia de deseo sexual y malestar que puedan expresar estas personas. De hecho, que, esta condición no implica que una persona asexual no obtenga placer o que no pueda llevar un acto sexual. La dificultad no radica en uno mismo, sino en la aceptación del otro ante este rasgo característico.
La asexualidad tampoco esta relacionado con “el celibato” ni “la abstinencia”. Cuando nos referimos al celibato, tenemos en claro que se basa en una opción de no practicar relaciones sexuales, en cambio la asexualidad implica simplemente no desearlas.
El acto sexual dentro de la sexualidad, configura una particularidad importante en el ser humano, pero a la vez, no condicionante o determinante en el proceder de una persona. Definitivamente, “el sexo no lo es todo”.
Se estima que aproximadamente 1 de cada 100 personas son asexuales. Cada 26 de noviembre se conmemora el día de la Asexualidad, con el fin de visibilizar a las personas asexuales. Nuestro deber como sociedad diversa implica incorporar y respetar sentimientos, expresiones y emociones dentro de un marco general que impidan desconstrucciones sociales y favorezcan a que muchas personas vivan simplemente auténticas, felices y libres.

